Considerado uno de los cetáceos más grandes del océano, la ballena gris (Eschrichtius robustus) mide de 11 a 15 metros con un peso aproximado de 30 toneladas, que lo convierten en un verdadero coloso marino.

Desde la década de los treinta -según la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), la especie se encuentra protegida internacionalmente a través de la Comisión Ballenera Internacional de la que, por cierto, México forma parte.

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La información disponible refiere que este cetáceo realiza una de las migraciones más largas al recorrer más de 9 mil kilómetros en grupos segregados por sexo y edad.

Su travesía, que dura aproximadamente tres meses, inicia en los mares de Bering, Chukchi y Beaufort en Alaska, donde se alimentan para llegar hasta la costa occidental de la Península de Baja California y Golfo de California, donde realizar sus actividades reproductivas de diciembre a abril.

Esta especie fue intensamente cazada desde mediados del siglo 19 hasta principios de 20.

La dependencia agrega que, para la década de 1870, la captura se detuvo principalmente por su disminución y el decremento en la demanda de aceite de estos animales.

En 1972, el gobierno decretó la creación de los primeros santuarios en las Lagunas San Ignacio y Ojo de Liebre-Guerrero Negro en Baja California Sur.

La autoridad federal informó que los refugios ubicados dentro de la Reserva de la Biósfera El Vizcaíno han permitido el cuidado y preservación de estos cetáceos dado que que sus aguas templadas son idóneas para su reproducción.

Y añadió que las políticas de protección en México garantizan su seguridad durante su estancia en aguas mexicanas.

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