Más allá de la formidable mística de practicar la pesca sustentable a través del catch and release, la familia Estrada Jonguitud se caracteriza por algo especialmente en común: el amor que por la pesca deportiva siente y los une como padres e hijas.

Originarios de San Luis Potosí, don Efraín Estrada y su esposa Lupita Jonguitud volvieron a vivir a plenitud una fascinante jornada con la caña y el carrete en la laguna de Champayán, en Altamira, Tamaulipas, donde el matrimonio mandó construir una cabaña y reside en ella desde hace 10 años, alentado por las inmejorables condiciones del sitio y la cercanía con la siempre reconfortante fauna marina del lago.

'Por lo general salgo a pescar en familia', expresa el patriarca de la estirpe, motivado, alegre, orondo cada que viaja a bordo de la panga y dispara sus líneas al agua. 'A mis hijas y yernos también les encanta pescar', agrega. 

Lupita Estrada, una ferviente pescadora de lobina.

Los Estrada Jonguitud son nativos de Tanquián de Escobedo, San Luis Potosí, pero Efraín y Lupita, dos maestros jubilados, decidieron cambiar de aires y desde hace una década tienen otra cuna en las orillas del Champayán, en tanto sus hijas, también pescadoras, lo hacen en la capital de San Luis, en plena huasteca potosina.

Cada oportunidad que tienen de acompañar a sus padres, Lupita, Laura, Cinthia y Rocío -sus cuatro hijas- se avituallan de sus más fieles y efectivos aparejos de pesca y se trasladan a la laguna de Altamira en un viaje por carretera de seis horas saliendo de la huasteca. 

Lupita Estrada.

El pasado fin de semana, los Estrada Jonguitud volvieron a internarse en la recóndita, pero benevolente laguna tamaulipeca para aprovechar el último fin de semana de diciembre y disfrutar de una enriquecedora pesca, toda en catch and release (captura y libera).

'Practicamos puro catch and release. Fue pura lobina y, la verdad, al tanteo fueron como 12 (lobinas), y de esas cinco fueron grandecitas', revela don Efraín, consciente de que con la captura y libera se preservan las especies camino a su natural desarrollo de reproducción.

Clavada en medio del ejido El Fuerte, la cabaña está muy cerca de la laguna de Champayán, rodeada de amigables vecinos con los que el maduro matrimonio sociabiliza, interactúa, departe.

Enfrente de ella está una iglesia, hay escuelas y tiendas con todos los servicios básicos, así que inmejorable es la estancia que los Estrada Jonguitud disfrutan por allá en medio de una atmósfera -en verdad- contagiante.

Por si faltara algún aderezo al -de por sí- familiar entorno, dos nietos (Efraín, de seis, y Óscar, de cinco) empiezan a aprender los secretos de la pesca, motivados por sus padres y abuelos.

'Desde más pequeños, casi en brazos, los traigo arriba de la lancha y le pelean a los papás que ya quieren venir a pescar', comenta don Efraín. Y añade en medio del orgullo y risas que retratan su felicidad a flor de piel: 'Ya saben lanzar la caña muy bien y mis otras tres nietas también (andan) por lo mismo'.

La confortable cabaña donde vive el matrimonio Estrada-Jonguitud.
Don Efraín (con la caña), su hija Laura y su esposa Lupita Jonguitud.
Don Efraín y su nieto del mismo nombre, rumbo al río Tamesí.
Laura Estrada, otra apasionada de la pesca deportiva.

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