En medio de la fiebre de peces sábalos que emergen del golfo de México, esta vez tocó ser protagonistas de una importante captura y libera (catch and release) a una madre y su pequeña hija en Tampico. El suceso no tardó en dar la vuelta en Tamaulipas. Incluso fuera de la entidad.

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'¡Allá está brincando!, ¡no lo sueltes!, ¡se ve enorme!', exclama jadeante, emocionada, feliz la pequeña Anya Muñoz, recostada en la silla de la pelea y sin soltar jamás la caña y al carrete con la que había prendido al pez icónico de las aguas del golfo de México.

'¡Está bien lejos!', ¡está grandote!', secunda el orgulloso papá, Gabriel Muñoz Baranzini, quien en ningún momento deja de apoyar a su hija de apenas 8 años.

Karen Latofski, en plena lucha con la caña y el carrete.

Por supuesto la madre, Karen Latofski, quien fue otra de las protagonistas, interviene en la emocionante historia que comenzó a las 19:00 horas, cuando se enganchó, y se prolongó hasta las 21:00, cuando decidieron devolver al mar la pieza de nombre científico Megalops atlanticus.

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'¡Se ve enorme, Gabriel!', expresa la dama, quien se mantiene expectante, pero cerca de Anya para auxiliarle y evitar que el sábalo se le desprenda. 'Cuando dejes de jalarle, le recorres, no lo sueltes', le insta.

La pequeña tuvo su gran día. Y es que, a pesar de que solo sintió en la línea el jalón con el que prendió el ejemplar durante tres minutos, el momento fue indescriptible, inolvidable. Y la alegría dibujó en todo momento su carita perlada de sudor por el esfuerzo compartido con su madre y padre.

Originaria de Tampico, en el noreste del país, la familia es una asidua navegante de las aguas cálidas del litoral tamaulipeco. Y, como las demás salidas, emprendieron la pesca a bordo de la embarcación Chitibi Too, que es un regalo del padre de Muñoz Baranzini.

 Karen Latofski con su pequeña hija, Anya Muñoz.

Normalmente viaja también su otro hijo, Gabriel Muñoz Latofski, de 10 años, pero esta vez no pudo asistir y 'se perdió' la preciada experiencia de capturar y liberar el sábalo, calculado por el padre (capitán también del bote) en unos 80 kilogramos.

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Contra lo que se pudiera pensar, es muy común que los pescadores salgan a navegar en busca de sábalos por la tarde en la costa de Tampico -y no solamente en la mañana-, motivados por las benevolentes condiciones que se dan para -lo que Gabriel, el papá, llama-'grandes tardeadas de pesca'.

'Lo padre de esta pesca que es muy cerca de la costa. Hay días que salgo en la mañana antes de ir al rancho o que me vengo temprano del rancho para tardearlos. Eso es algo que me fascina de Tampico', narró.

Y sí que esta pesca entraña fascinación y magia, más cuando va con su esposa e hijos. 

La familia Muñoz Latofski, en otro día de pesca.

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