San Carlos Nuevo Guaymas, Sonora. Convertido en una joya perlada que ondea majestuoso el Mar de Cortés, el Mirador Escénico es un envidiable atractivo al que nadie -ni locales ni visitantes- se resiste a ir.

Visita obligada es estar allá, un escenario que, ubicado a 6.4 kilómetros de San Carlos, permite contemplar en todo su esplendor no solo el Golfo de California, sino su variada y rica fauna marina y silvestre que enamora aún más.

Con la Mejor Vista del Mar del mundo

Desde este Mirador Escénico, que en 2018 fue considerado por National Geographic como la Mejor Vista del Mar a nivel mundial, se aprecian privilegiadamente íconos como la piedra de Playas Pintas y la cima del Tetawaki, una colina volcánica que emerge del mar y lo ondea en su máxima expresión.

El cerro Tetakawi, el lugar más emblemático de San Carlos.

Cuando National Geographic atestiguó su inigualable belleza, destinos de la talla de las encatadoras playas de Hawai y Australia, así como de las frías aguas de Islandia y Escocia se quedaron atrás, superadas por la panorámica de San Carlos.

Siempre está allí, erguido, imponente, para el viajero aventurero al tatarse de un verdadero oasis en el desierto de Sonora, coronado por impresionantes cerros semiáridos que son, por otro lado, un encanto apenas se llega a Guaymas.

Su creación regala la vista más extraordinaria del Mar de Cortés, desde donde se observan sus playas, cañones, islas y ese sugerente contraste de un mar divino junto con el desierto rocoso de su alrededor.

Si vienes a San Carlos, imperdonable no visitar el Mirador Escénico, que te sorprenderá de magia y seducción por su naturaleza increíble.

Cerca de aquí están el Estero del Soldado -Área Natural Protegida, a solo cinco kilómetros de San Carlos- en el que el viajero puede descubrir cientos de especies animales y vegetales. Aquí, además, habitan mangles blancos, rojos y negros, sin duda, un tesoro natural imperdible.

Ni qué decir de El Sahuaral, una zona impresionante donde se yerguen cardonales gigantes de hasta 10 metros de altura. Estos, en algunos casos, tienen incluso más de 500 años de vida. Se les conoce como sahuaros, de ahí el nombre del lugar.

Otro mágico lugar es el Cañón del Nacapule, que está a seis kilómetros de la ciudad y que es un micro hábitat donde es posible ver ojos de agua, palmerales, cactáceas, e incluso algunos felinos como ocelotes y pumas, según cuentan.

Y cómo dejar de lado el Cerro Tetakawi, el lugar más emblemático de San Carlos, descrito como una colina de origen volcánico de poco más de 200 metros de altura y que verse prácticamente desde cualquier punto de la localidad.

Es muy atractivo caminar por las brechas que trepan a la loma y que ofrecen vistas de excepción, siempre acompañados de un guía especializado y bajo las más estrictas normas de seguridad.
 

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