Información revelada por La Vanguardia da cuenta que el rivulín de manglar (Kryptolebias marmoratus) es uno de los peces más extraños que existen, y, de hecho, su modus vivendi es contrario al del resto de organismos vivos que habitan en la Tierra.

Según los datos, le gustan los ambientes extremos -en su caso aguas salobres-, y puede soportar altos niveles de contaminación. Es, también, capaz de vivir meses fuera de su hábitat y, con la mayoría de ejemplares hermafroditas, no necesita las hembras para asegurar su devenir.

Es un auténtico héroe amante del barro, de marismas, de madrigueras de cangrejo e, incluso, de troncos en descomposición que se hallan en pantanos y otros enclaves de características similares distribuidos desde Estados Unidos hasta Brasil, incluidas las Antillas y el mar Caribe.

Pero por si todo esto fuera poco, a este animal los años tampoco le pasan factura, más bien al contrario. De hecho, sus habilidades físicas y su sistema neuronal mejoran con los años, según se desprende de un estudiopublicado este mes de marzo en la revista científica Journal of Experimental Zoology.

El trabajo, elaborado por investigadores de la Universidad de Exeter (Reino Unido) y la Universidad de Alabama (Estados Unidos), denota que los rivulines de manglar de más edad saltan más, ya que su musculatura está más desarrollada y su red neuronal más asentada, con lo que les es más fácil coordinar el salto.

Para la elaboración del trabajo los científicos estudiaron el comportamiento de más de 200 peces de la especie ubicados en manglares de Estados Unidos, las Bahamas y otros enclaves similares de Centroamérica.

El pez que logró el mayor salto fue el de más edad y, aunque los expertos detectaron que los jóvenes podían saltar durante más tiempo, los más longevos conseguían mayores distancias de salto, lo que permite a estos peces escapar más cómodamente de sus depredadores y encontrar los mejores hábitats.

“Descubrimos que la longitud y la posición de ciertos huesos parecen ayudar a los peces más jóvenes a saltar”, expone uno de los autores del trabajo, Tom Houslay, del Centro de Ecología y Conservación del Penryn Campus de la Universidad de Exeter.

No obstante, el experto asegura que “sin embargo, esta disposición desaparece a medida que envejecen, y los peces más viejos son mejores para saltar independientemente de estas características físicas”.

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