Hasta su partida, Haroldo López Villagrán estuvo estrecha y 'premonitoriamente' ligado a la pesca deportiva que tanto amaba y esa filosofía ('la pesca es la razón de mi vida y será la causa de mi muerte') fue cumplida con cabalidad pulcra.

El 3 de noviembre de 2007, López Villagrán falleció en un trágico accidente marino al chocar la nave en la que pescaba peces gallos contra las piedras de uno de los rompe olas, y la historia es compartida emotivamente por un pescador que se enorgullece de ser uno de sus entrañables amigos.

Con un pez dorado. Foto: Cortesía Francisco Marroquín

El tabasqueño Francisco Marroquín Zavala, pescador y conductor del programa de televisión Vámonos de Pesca con Paco Marroquín, rememora rasgos y vicisitudes con ese conocimiento de causa que le dio la estrecha amistad cultivada en los últimos años de vida del médico ginecólogo de profesión.

Y, a la memoria de su amigo, escribió un sentido relato que, con el permiso de su autor, aquí se transcribe literalmente.

Lo que vivió

'Hace algunos años, para ser exacto en 2005, escuché por primera vez a un gran amigo muy querido decir la frase con la que inicio esta narrativa, el mundialmente conocido Haroldo López Villagrán, uno de los 12 mejores médicos en el mundo en tratamientos de fertilidad o, mejor dicho, un 'fregón' en problemas de infertilidad.

Haroldo López (derecha) y Alejandro Vega Cruz.

Prosigue:

'Guatemalteco ('Chapín de corazón'), un padre de familia ejemplar, autor de varios libros e infinidad de artículos, gran hombre, estupendo amigo, gran ser humano y entusiasta pescador. Con Haroldo pescamos juntos en los ríos de Tabasco, en isla Holbox y en puerto Quetzal, en San José, Guatemala. En este último sitio -invitado por el Club Los Meros de Quetzaltenango- pescamos por tres días en el lugar conocido mundialmente como la capital mundial del pez vela.

Frente a la enfermedad, decidió seguir en la pesca...hasta su muerte.

'Durante ese viaje -agrega-, escuche a mi querido amigo pronunciar la frase 'la pesca es la razón de mi vida y será la causa de mi muerte' (y) el día 3 de noviembre de 2007, Haroldo fallece en un trágico accidente marino al chocar la nave en la que pescaba peces gallos contra las piedras de uno de los rompe olas.

Continúa:

'Irónicamente, yo estaba invitado a pescar con él en esa fecha, desgraciada o afortunadamente, me fue imposible asistir a esa viaje debido a que en esos días Tabasco estaba sufriendo los embates de la inundación más grande de la historia de este estado, por lo que tuve que cancelar el viaje ya programado con anterioridad.

'La pesca es la razón de mi vida y será la causa de mi muerte'

'Me disculpé con mi amigo, hablamos por teléfono por última vez el uno de noviembre para decirle que no podría ir con él a esa pesca de gallos y en busca del pez espada, la cual también practicaríamos en esa visita...Nos despedimos, como siempre, sin saber que sería la última vez que hablaría con mi amigo...no fue sino hasta el día 5 de noviembre que me entero por una llamada telefónica de nuestro amigo y presidente del Club, Antonio Lam: 'Paco, amigo, con profunda pena le informo que nuestro gran amigo Haroldo López falleció pescando'.

Del azoroso pasó al lamento, y sigue en su narrativa:

'Mudo por la noticia, escuché a 'Toño' por un largo rato contarme cómo sucedió el accidente. Haroldo y su fiel asistente y amigo Ariz cayeron al agua después de que la embarcación zozobrara en menos de un minuto, las olas y la corriente de la vaciante se encargaron de llevarlos mar adentro, mi amigo con una pierna fracturada, producto de un viejo accidente precisamente en esas escolleras, pescando desde las piedras, se había roto esa misma pierna al caer entre las rocas, por lo que le era imposible mantenerse a flote, y fue Ariz, quien por un buen rato se encargó de sujetarlo.

'¡Vaya usted y nade hasta la costa y busque ayuda, que es una orden!'

'Haroldo -agrega- al ver que cada vez el mar los llevaba más adentro, se dio cuenta que no sobreviviría ninguno de los dos, por lo que toma la decisión de decirle a su asistente que lo dejara ahí y que saliera a la orilla a pedir ayuda. Al principio, su gran amigo se negó a hacerlo y fue cuando la sugerencia se convirtió en orden: '¡Vaya usted y nade hasta la costa y busque ayuda, que es una orden!'.

'Cuando Ariz apenas se había alejado unos metros de Haroldo, volteó a mirar y el medico ya se había ido de este mundo'.

Seis años después...

Marroquín Zavala sigue en su relato:

'Años después, seis para ser exactos, mientras yo asistía a un torneo en Balancan ,Tabasco, me aborda una persona con el característico acento guatemalteco para saludarme y preguntarme si me acordaba de él...Pasaron unos instantes para recordar que era el propietario del restaurante de la marina donde Haroldo tenía su barco; restaurante 'Los siete Caldos' y que fue un muy amigo del ginecólogo. Después de algunos tequilas a la memoria de nuestro gran amigo en común, me enteré de algo que jamás me hubiera imaginado:

Nuestro amigo Haroldo tenía cáncer terminal de riñón! Ahora entiendo el por qué de verlo pescar siempre descalzo y notar una gran inflamación en sus pies, producto de la retención de líquidos ocasionada por un mal funcionamiento renal.

Haroldo (izquierda) y su entrañable amigo, Francisco Marroquín.

'Me dijo, además, que después de haber sido diagnosticado, lo mantuvo en secreto sin decirles nada a su esposa e hijas. Tomó las medidas necesarias para que a su muerte quedara testamento arreglado y no dejara ningún cabo suelto que pudiera ocasionar problema legal alguno a sus deudos. En el testamento estaba estipulado que sus cenizas fueran lanzadas al mar en el lugar donde vivió los últimos años de su vida pescando e indultando una gran cantidad de marlines y pez vela.

La entereza de Haroldo

En su descripción, el tabasqueño habla con detalles.

'Nunca quiso someterse a tratamiento médico alguno, ni quimios, ni radios ni dolorosos tratamientos. Para cuando vino a México, él ya estaba enfermo y los recuerdos que tenemos mi familia y yo de él, son de un hombre siempre sonriendo, siempre feliz y siempre acompañado de su esposa.

Acostumbraba a pescar descalzo.

'Haroldo cambió los tratamientos médicos por días abundantes de sol y mar, de grandes pescas y de compartir con amigos que hoy lo recordamos siempre. Nadie mejor que él como médico sabía que había sólo dos caminos:

'Vivir lo que Dios le permitiera sin someterse a tratamientos, vivir al máximo pescando y amando a su familia, y morir, tal vez, pescando y la segunda opción era morir postrado en una cama de hospital en el mismo tiempo o menos tal vez. Haroldo decidió la primera opción'.

Legado que dejó

'Todavía hoy se encuentran ligas con artículos de su trabajo y libros que él escribió, reseñas de sus viajes por el mundo dando conferencias y testimonios de familias a las que hizo feliz dando vida', revela 'Paco Marroquín'.

Sus cenizas fueron esparcidas en el mar.

En opinión de su amigo, Haroldo fue un hombre de valor que, a pesar del dinero que lo rodeaba, 'jamás lo usó para hacer sentir menos a nadie y jamás usó su posición para pasar por encima de nadie. Todo un ejemplo de ser humano, un gran padre, un gran ser humano, un gran amigo y un gran pescador'.

Y remacha: 'Descanse en paz, Haroldo López Villagrán, y del cual presumo de haber sido su amigo y de quien recordaré la frase: “La pesca es la razón de mi vida y será...'.

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