Unidos no solo por el lazo consanguíneo, sino por una modalidad -la de señuelos de superficie- que los convierte 'en los mejores amigos y compañeros de pesca', don Enrique López Cordero y su hijo Ulises López Coronel tienen una emotiva historia qué contar.

'La pesca -dice Ulises, de 43 años- nos hace pasar tiempo de calidad donde no hay televisión o una señal de celular que nos distraiga'.

Justamente por esta mística que lo distingue, el vástago expresa sin dudar que entre él y su padre -de 68 años- hay una amistad y compañerismo que los une amorosamente a través del pasatiempo de la pesca.

'Un tiempo pescamos lobinas en la presa López Mateos o Varejonal (ubicada a 37 kilómetros al norte de Culiacán), pero desde hace más de cinco años solo practicamos la de bahía, la de esteros', añade.

De piolas a equipo sofisticado

Originarios de Culiacán, aunque con una 'casita' en Altata a la que visitan cada fin de semana, Ulises revela que aprendieron a pescar 'en las presas y diques cercanos a Culiacán' usando piolas y, más tarde, un equipamiento sofisticado.

Don Enrique (al fondo) y un amigo de pesca, Eder.

Ahora, estos capitalinos están metidos de lleno a la que llaman pesca con señuelos de superficie, esos que -a decir de Ulises- no se hunden y son tan efectivos como excelentes en este fascinante arte: los poppers, los paseantes.

'Es donde el pez ataca y explota la superficie del agua', afirma.

Normalmente, ambos 'tiran la línea' en Dautillos, El Castillo, Tetuán y Aguamitas, conocidos campos pesqueros con esteros y con espaciosas rampas para bajar las lanchas ubicadas en el centro de la ciudad.

Padre e hijo.

Hasta allá llegan don Enrique (un profesor de educación física activo con aproximadamente 40 años de servicio) y su hijo (quien también es LEF con 22 años en la docencia) para atrapar lo mismo robalos que pargos y curvinas que son una delicia y una verdadera 'dorada cosecha' que los alienta a seguir.

'De hecho -rememora Ulises- mi padre me inculcó la pesca desde niño en esteros de la bahía de Altata'.

Próspero pescador en esteros.

Pintar señuelos, su relajante terapia

Recientemente -señala-, su progenitor atrapó un 'hermoso robalo' con el que es su señuelo favorito, el Popadog de Minorlure, pintado por él mismo como una afición a la que está acostumbrado a poner nombres a sus curricanes, 'como a ese al que le puso Matute, por lo azul, y sacado del policía de Don Gato'.

Ulises afirma con vehemencia: 'La pesca de superficial en esteros del centro del estado es lo que más apasiona a su padre, y escuchar la explosión del ataque en el agua activa su adrenalina'.

Amante de la pesca de superficial en esteros. Aquí, con un botete.

Cada salida a Altata -donde su 'casita' ya tiene cuatro décadas- llegan acompañados de amigos y aprovechan muy bien lo que el hijo llama 'mareas encuartadas', esas cuando 'hay luna media, mareas lentas o muertas, o cerca del cuarto'.

Como LEF, don Enrique trabaja en la escuela secundaria federal número 7 y su hijo en una escuela de gobierno, además del Instituto María Montessori, ambas en la capital sinaloense.

El abuelo y el nieto, Jaziel López.

'Mi padre no se quiere jubilar porque aún se siente fuerte y la pesca lo mantiene más activo'. 'Y dice que, si se jubila, se hará viejo pronto (ríe). Aparte, lo que gana lo invierte en su casa de la playa, Jeep y lancha'.

Su otra terapia -comenta- es pintar los curricanes a su gusto. 'Hay varios a los que pone nombres como Capitán América, Kareoca, Ranita, e incluso, El Santo'.

Don Enrique López.

Ulises comparte que su padre los ha bautizado a varios por su color ('tiene como 40 o 50 pomos de pintura de uñas'), pero todos son Popadog, su señuelo favorito para cada jornada de pesca.

'Y si vamos a ir a pescar el sábado -revela-, él desde el lunes anterior está haciendo preparativos, limpia carretes. Tenemos uno que le llamamos la covacha, dentro de la casa, que es un cuarto, una recámara abajo de donde ponemos la lancha, y es un cuarto exclusivo para nuestras cosas de pesca....

Ulises y su hijo Gadiel (derecha). Un mero atrapado por don Enrique.

Prosigue: 'Guardamos de todo: cañas, carretes, señuelos, líneas. Y él ahí se sienta a pintar cada uno, les cambia las piñas (anzuelos triples), las argollas...Es parte del ritual y el día que no vamos a pescar él se queda a pintar para empezarse a imaginar de cómo engañar al pescado, simulando a un pez moribundo en la superficie'.

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