ENORME pargo de 27 kilos alegró la noche de pesca de Julio Dávalos y la de sus amigos Carlos Ceceña, Daudencio Carreño y José Antonio Cota durante una placentera travesía en Cabo San Lucas.

Felicidad y emoción se mezclaron en la cosecha de Julio Dávalos. 

El mismo Dávalos, orginario de Los Mochis, pero radicado en Cabo San Lucas, se encargó de narrar paso a paso la odisea desde la playa Migriño, cuyo viento y 'oleaje 'estaba muy fuerte, pero aún así insistimos hasta caer la tarde'.

'El miércoles pasado, por la tarde, nos pusimos de acuerdo tres amigos y yo para salir a pescar. Nos percatamos de que estaba muy fuerte el oleaje y el viento. Cuando éste bajó, seguimos insistiendo en pescar. Ya como a las siete de la tarde habíamos logrado tres capturas de pargos de algunos dos a tres kilos'.

El reciente ganador de La Calentona -enmarcado en el Tercer Torneo Selectivo de Pesca de Orilla Mazatlán 2020- reveló que, 'aproximadamente a las ocho (20:00 horas)', decidió cambiar de líder en su línea y anzuelo con empate.

Fue a las 20:30 horas cuando 'pegó la mordida algo muy fuerte y logró anzueliarlo, pegó la primera corrida. No se sentía nada en la línea y pegué un grito de emoción, se me soltó y empecé a recorrer línea rápidamente'.

Prosigue: 'En ese momento sentí nuevamente un jalón muy duro y le solté presión al carrete para que corriera libre...me percaté que se trataba un ejemplar muy grande, lo sentía en mi cuerpo y lo correteé más de cuarenta minutos'.

Narró que su amigo Ceceña 'se acercó a él' y le dijo que cuidara su caña para poder ir a tomar agua. 'Y, al regresar, volví a tomar la caña y seguí cordeliando pasado los cuarenta minutos, prendí mi lámpara para ver cuán cerca estaba de bajarlo hacia la orilla y logré ver su enorme cola y empecé a gritarle a mi amigo Carlos que traía un buen pargo'.

Lo demás fue más emocionante. 'En lo que el pegaba -reseña- logré vararlo en la orilla. En eso llega mi amigo y logra agarrarlo de las aguas para subirlo y gritando:' ¡no manches! Está enorme y, ya momentos después al ver bien al monstrito, gritábamos de emoción: ¡pues cómo no si era un gran pargo de 27 kilos!'

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