Gratificante pesca deportiva vivieron los hermanos Cárdenas Amador en La Paz (Baja California Sur), donde la modalidad de autoconsumo en tiempos del Covid-19 es permitida bajo el compromiso de cumplir con la normatividad oficial.

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Durante la travesía por el bello litoral sudcaliforniano, los carnales Gonzalo e Iván consumaron un doblete muy dorado (con dos Mahi mahi), apoyados en una carnada que resultó de alta efectividad: sardina viva.

No han sido los dorados (Coryphaena Hippurus) más grandes que los Cárdenas Amador han atrapado, pero sí de los primeros en estos tiempos de pandemia en que muchas de las actividades fueron restringidas, entre ellas la pesca deportiva de renta, y solo se permitió a la del autosustento.

Con los hermanos también viajó su primo Javier Olachea, un diestro capitán que tuvo el compromiso de estar al timón y buscar el punto exacto para arrojar la línea con la sardina y esperar a que los ejemplares cayeran prendidos.

Uno de los también llamados dorados-delfín pesó 32 libras (14.5 kilogramos) y el otro, unos 23, según testimonio de Gonzalo, quien tiene una panga propia dedicada totalmente a la pesca deportiva.

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De 46 años, Gonzalo ha estado inmerso en el deporte de la caña y el carrete prácticamente desde que nació -de los cinco-, rodeado de una familia de pescadores, en especial de su padre (Gonzalo Cárdenas Salgado) y tíos.

Un tiempo, su progenitor fue buzo comercial antes de dedicarse de lleno a la pesca deportiva, esa modalidad que combina fascinación, espectáculo y emoción indescriptible.

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