Como su nombre lo indica, la pesca artesanal es aquella actividad que utiliza técnicas tradicionales con poco desarrollo tecnológico o aquella que es practicada por pequeños barcos en zonas costeras a no más de 10 millas náuticas de distancia dentro de lo que se llama mar territorial.

Y es que, de acuerdo con la normativa de la Unión Europea (UE), se considera pesca artesanal a aquella que ejercen barcos con una eslora inferior a 12 metros y que no emplean técnicas de arrastre.

Conocer sobre ello

Su manutención se da en regiones poco desarrolladas donde la producción es escasa y sirve básicamente para el autoconsumo, según los datos que Big Fish pudo rescatar. “Solo una pequeña parte se destina al mercado y para este tipo de pesca se utilizan Yariksas que extraen gran cantidad de especies de peces, mariscos, moluscos y crustáceos”.

Para ser más precisos, según describe Miguel López, en su blog de Fresco y del Mar , la pesca artesanal debería emplear únicamente técnicas de captura pasiva, es decir, basados en esperar que los peces piquen, se enganchen o se enreden.

En la actualidad -se sabe- se intenta promover este tipo de actividad pesquera con el apoyo de diferentes organizaciones a lo largo del mundo al incluir únicamente métodos no destructivos y selectivos para su ejecución. Es decir, en este tipo de pesca no se utilizan redes de arrastre, palangres, grandes redes de cerco, ni dragas hidráulicas, que no sólo destruyen ecosistemas marinos, sino que también son prácticas poco selectivas , en las cuales se ven atrapadas muchas especies que no son objetivo de pesca.

Igualmente con el apoyo de estas organizaciones, se desarrollan proyectos con los que se impulsa la pesca responsable, tipo de actividad que respalda el consumo de especies que no se encuentren bajo ninguna amenaza, que presenten un tamaño reglamentario, y que sean pescadas en ciertos periodos específicos, es decir, implementando vedas en periodos de reproducción.

Organizaciones tales como MarViva, Oldepesca y Copemed son algunas de las que desarrollan este tipo de actividades encaminadas a promover esquemas económicos que apoyen el ordenamiento de las actividades humanas en el mar.

En este último rubro se encuentra MarViva, compañía que cuenta con el apoyo de Copemed en la tarea de poner en marcha estudios pilotos en ciertas regiones para ver si son aplicables a otros lugares, así como el de Oldepesca, que tiene como premisa promover el desarrollo sostenible de las pesquerías de la región con lo que se preserva el medio marino y de agua dulce, mediante la aplicación de políticas de pesca responsable.

A diferencia de la industrial, como ya se citó, en la artesanal no se utilizan redes de arrastre, ni palangres, ni grandes redes de cerco o las peligrosas dragas hidráulicas, que son las herramientas de pesca más destructivas porque no sólo atrapan a los peces que se tenía en mente, sino a todas las especies que logren quedar atrapadas.

Se sabe que la pesca artesanal es diaria. En España, por citar solo un ejemplo, el 77 por ciento de la flota trabaja con técnicas artesanales. Es una importante actividad económica en muchas localidades costeras que contribuye a fijar población en el territorio y, como explican desde Fresco y del mar, involucra al sector en la gestión de los caladeros, en muchos casos amenazados por la sobrepesca industrial.

La tripulación de los barcos que practican la pesca artesanal no suele dividirse las tareas, como sí se hace en los grandes buques industriales. Todos hacen de todo y todos pescan.

Normalmente, quienes se hacen a la mar son vecinos del mismo núcleo en el que la embarcación tienen base y no es habitual que haya un armador propietario de más de un barco. De esta forma, los beneficios económicos de la pesca redundan en los puertos y municipios próximos al generar un importante nicho de empleo local.