Finalmente, El Ventarrón recibió el tributo que merecía: con el calor de su gente, con su mar que lo roció de delicia y con las Tres Islas -donde solía ir a tirar piola y anzuelo- de testigo mudo. Su familia le homenajeó, pero la bahía le prodigó el honor que todo amante de la pesca añora: acogerlo para la eternidad en su lecho marino.

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Mezcla de emotividad y júbilo caracterizó el acto con el que su esposa, cuñada, hijos, nietos, sobrinos, nueras y un yerno despidieron -con la dispersión de sus cenizas en el océano- a don Pedro García, quien, enamorado del deporte a carta cabal, no solo llegó a ser una figura en el pancracio profesional mazatleco, sino -hasta poco antes de su muerte, cuatro meses atrás- un sobrado pescador, cuya pasión no dudó en legar a sus hijos. 

'¡Una porra para El Ventarrón!'

A bordo del catamarán Camarón Azul, la familia -procedente no solo de Mazatlán, sino de Guadalajara- convirtió el emotivo homenaje en una jubilosa celebración en el que la amalgama pegajosa de música, chapuzones y anécdotas dieron el matiz especial al adiós del patriarca en ese mar que también sus secretos de impetuoso pescador le conoció.

Don Pedro García, El Ventarrón, entrañable adiós. Foto: Cortesía

Durante tres horas en un paseo por la bahía, El Ventarrón- personaje que artísticamente acuñó a su paso por la lucha libre profesional- recibió la admiración de los suyos, siempre presente él en una urna en la que depositaron sus cenizas y que fue puesta por Juan Carlos García Partida -el mayor de sus hijos, periodista de largo bregar y con residencia actual en Guadalajara- en la proa o en la parte central del catamarán, alquilado para la ocasión.

Siempre jovial, siempre entusiasta. Foto: Cortesía

Sus cenizas pasaron (y pasearon) frente a El Faro, la Cueva del Diablo y las Piedras Blancas antes de que el bote enclavase frente a las Tres Islas o la isla de los Venados -uno de los lugares preferidos de don Pedro para pescar-, donde sus tres hijos -Juan Carlos, Érika Maribel y 'Yiyo', además de nietos y hasta una de sus dos nueras- se lanzaron al agua pocos segundos después que el mismo JC y su hermana esparcieron las cenizas de su padre en el mar como un deseo que el ahora finado pidió desde su lecho y que nadie estuvo dispuesto a regatear.

Foto: Raúl Brito

Y, en medio de las cachiporras que nunca faltan en las emotivas y alegres despedidas, alguien de la familia pidió evocar el personaje de El Ventarrón como tributo al legendario esteta que en su juventud luchó contra otros guerreros sobre el cuadrilátero y los venció, pero que, en su senectud, combatió férreamente un mal que no concedió tregua y lo superó a dos de tres caídas sin límite de tiempo...y con el anzuelo ya diezmado de tanto bregar por el mar del Pacífico.

Camino al homenaje, camino a la eternidad. 

'¡Una porra para El Ventarrón!', exclamó alguien. Y fue entonces cuando, tras esparcirse la sentida reliquia, la bahía abrió sus más inhóspitas entrañas y lo acogió en su inmenso lecho como uno de los suyos, un marinero de cepa que pescó innumerables peces y también infinidad de amistades a través de la no fácil técnica con la piola y el anzuelo, que solo personas con oficio y vocación -como él- suelen ejercerla con destreza y pasión, y tatuarla como un legado irrenunciable.

Tres Islas, el aposento que 'El Ventarrón' escogió como aposento.

Ya podrá don Pedro García reposar con más alegría en su aposento marino. Y gracias a su familia que esperó pacientemente se relajara la pandemia por el Covid-19 para que, una vez reabierto el puerto al turismo náutico, se organizara el encuentro y se le diera el íntimo adiós 'como él se lo merecía'.

Hoy, la isla de los Venados ya es -para la familia- la isla de El Ventarrón.

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