Para quienes señalan que la pesca deportiva no es una actividad exigente ni un deporte que demande físicamente a sus practicantes, Big Fish se dio a la tarea de indagar sobre cómo se inicia, se desarrolla y termina el día de un pescador en una jornada de pesca.  

1.- No es nada más el día de la competencia.

Consciente de que no es sólo en su capacidad como pescador la que importa en el agua, un día antes de salir a altamar, el pescador tiene que ser partícipe en el chequeo de su embarcación, además de realizar las compras de víveres para una jornada de casi nueve horas.
La noche suele ser larga ya que los nervios previos espantan el sueño. Además, la adrenalina brota por el simple hecho de saber lo que viene, y esto no permite que el cuerpo se relaje al cien por ciento.

2.- El primer pestañeo.

El sol está lejos de mostrar su luz cuando el pescador tiene que estar de pie y con todos sus implementos de pesca listos para la acción.
Su primer pensamiento no es su embarcación, sino que comienza el ajetreo en busca de una de las piezas clave en la pesca: la carnada.
Para el que sabe, no sólo salir y comprar los peces para el anzuelo. Tiene que ser carnada fresca y que sea del gusto del ejemplar que quieras capturar.
La entrada al barco suele ser festiva. En ella salen a relucir las bromas y comentarios para relajar el momento y llenar el ambiente de buenas vibras. Aunque fue minuciosamente revisada, es obligatorio otro chequeo para la embarcación. Se revisa a detalle todo aquello que es fundamental para el buen desarrollo de la pesca.

3.- El sonido de la pistola.

Cuando parece que los tripulantes nunca terminarán de afinar los detalles, llega la hora del balazo de salida; el sonido de las embarcaciones les acelera corazón y cada una de estas agarra rumbos diferentes, pero ya orientados bajo un plan que se hace y que señala los lugares donde la captura puede ser mejor.
Los rayos del sol y la brisa salada del mar son capaces de apagar la necesidad de alimentos, dependiendo del día y la exigencia de la caña.
Los pescadores pueden terminar una jornada de pesca con la ingesta de agua y sólo un alimento rápido.
Cuando la caña se “jala”, es el momento en que la desmañanada y la presión se olvidan, ya que al final de cuentas es la meta porque la que se efectúan todos los pasos previos.
Pasar gran parte del día en una embarcación podría parecer tedioso. Sin embargo, la tripulación siempre encuentra la manera de aligerar el tiempo.

Al sonido del disparo las embarcaciones toman su rumbo hacia el horizonte

4.- Momentos de zozobra.

Cuando el juez termina con la presentación de ejemplares, comienzan los momentos más tensos arriba del barco. De esa hora en adelante, empiezan a mirar sus ejemplares y a valorar a aquel que puede ser competitivo en la báscula.
La inquietud e incertidumbre por saber cómo fueron las capturas de otras embarcaciones aparece ineludible.

El momento de presentar las capturas, la hora de la verdad

5.- Sentimientos encontrados.

La recompensa de un largo y cansado día sin duda es triunfar en la competencia, pero esta sólo la gana un equipo, cuyos integrantes suelen explotar en júbilo ante la mirada, muchas veces recelosa, del resto de competidores.El pescador sabe que para eso se tiró el anzuelo, para ganar o perder.
El sentimiento de tristeza se mitiga con la grata experiencia que les deja un día que se forra de esperanzas, convivencia y amor a la pesca.