Prácticamente desde que se enroló en el atletismo -el deporte por excelencia-, José Alfredo Rosales López se forjó un férreo carácter que lo llevó, en primera instancia, a pulir sus innatas cualidades y, en segunda, a ganar poco a poco una competencia tras otra hasta convertirse en la figura imitada por todos.

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Deportista consumado que lo mismo corría que pedaleaba y nadaba, el vecino de la colonia Gustavo Díaz Ordaz, en las inmediaciones de Urías, no tardó en escribir su propia historia, plagada de épicos 'encontronazos' con otros grandes atletas locales y foráneos que osaron medirse con él, casi siempre con victorias a su favor.

Rosales, tercero de derecha a izquierda. Foto cortesía: Ernesto Camacho

Sentida partida

El pasado 24 de julio, el fondista retirado partió al viaje sin retorno cuando se encontraba en su hogar y 'acompañado' de múltiples trofeos, significativos diplomas y otros tantos reconocimientos de profundo valor que, ganados a lo largo de cuarenta años de carrera deportiva, fueron su Álter ego y muestra fechaciente de su constancia y brillantez. 

Su inesperado deceso causó honda consternación en el atletismo local, donde 'El Sopi', como cariñosamente se le conocía, ganó lo mismo carreras emblemáticas como los Relevos de Independencia, Muralla-Muralla, Rotario, Canaco, Los Coyotes y Día de la Marina, que llegó a ser el mejor sinaloense en otras icónicas como La Venados, Costa del Pacífico, Liebre y Medio Maratón de San Sebastián.

Rosales (foto derecha).

Había un rasgo que lo distinguía especialmente: su tesón. Era tanta su energía y determinación que, en cada competencia, se 'moría' en la raya, sin importar distancia ni adversarios al frente.

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Uno de los momentos más memorables suyos se dio la noche del 15 de septiembre de 1987, precisamente en la legendaria Carrera de La Antorcha, o Relevos de Independencia, donde terminó en sollozos después de finalizar en segundo lugar y ser derrotado por el representante del -a la postre- club vencedor, FRG Venados, Roberto Castorena, quien, como Rosales, corrió la última posta, los mil 500 metros.

Al frente (izquierda). A su lado (derecho), el concordense Juan Soto Bernal.

'El Sopi' recibió considerable ventaja de sus coequiperos del Club Cárdenas, Ernesto Camacho, José Osuna Rojas y Juan Jesús Gutiérrez Vallín -el atleta que, en 1992, iría a los Juegos Olímpicos de Barcelona-, pero inesperadamente cedió terreno ante un Castorena que recién había llegado de Chihuahua, donde cursó su carrera universitaria y aprovechó para someterse a un riguroso entrenamiento a la altura sobre el nivel del mar.

'Rosales terminó llorando ese 15 de septiembre', rememora Camacho, quien hasta el día de su muerte fue uno de sus más entrañables amigos. 'Se fajaba hasta el final, pero ese día fue superado por Castorena a pesar de la ventaja que le dimos, y así son las cosas en el deporte'.

Tercero de izquierda a derecha. 

Un año antes, el mismo Club Cárdenas -cuyo responsable, el también atleta ya fallecido Enrique Cárdenas-, se había llevado la victoria en los Relevos, donde Rosales y Camacho empezaron a correr con ese team en 1984.

Corredor justamente desde 1984, su mejor época de competidor se dio dos años después cuando un entonces novicio, dueño de formidables facultades físico-atléticas y ávido de 'comerse el mundo', empezó a abrirse camino y ganar carrera tras carrera, la mayoría en pedestres y, en menor cuantía, en pistas. Su etiqueta de invencibilidad se prolongó hasta 1992.

Rosales llega exhausto en la carrera Muralla-Muralla. Lo auxilian Enrique Cárdenas (DEP, izquierda) y su hermano Cayetano Rosales.

Hubo varias justas -entre 1988 y 1991- donde Rosales enfrentó a correosos competidores que llegaron a ganarle o, por lo menos, disputarle la delantera 'palmo a palmo'. Fue el caso del mismo Castorena, o de los también locales Miguel Ángel Patiño (DEP), Cristóbal 'Conejo' Noriega, Raymundo Leal Landey, Juan Manuel Viera, Juan Gerardo 'El Charol' González y hasta el concordense Juan Soto Bernal.

Inolvidables enfrentamientos fueron también los que sostuvo con los culiacanenses Ramón Sánchez y Maurilio Hernández, el primero vencedor de los 5 mil metros planos en un Campeonato Estatal Libre celebrado en Mazatlán en 1990 y el segundo triunfador de la ya desaparecida carrera Canaco en 1989.

Convivencia en la ya desaparecida pista de la Sahop.

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Especialista en la media y larga distancia, el también triatleta ganó pruebas de mil 500, 3 mil, 5 mil, 10 mil y hasta medio maratón no solo en Mazatlán, sino también en Culiacán, Los Mochis, Guasave y todo el sur de Sinaloa.

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Otras de sus muy recordadas participaciones se gestó en 1990 durante la otrora Carrera de Los Venados, donde corrió novelísticamente los 10 kilómetros en el tiempo justo límite (32 minutos flat) que le permitió obtener la nominación de Mejor Sinaloense y el pase con todos los gastos pagados a una competencia en Bolder, Colorado.

Sentados (de izquierda a derecha): Rosales y Ernesto Camacho. De pie: José Osuna Rojas (izquierda) e Isaías Cuadras.

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Rosales labró una 'carrera de a pie' con denuedo y éxito que trascendió fronteras y que hoy, en su inesperada partida, dejó un hondo dolor no solo en los suyos, sino entre quienes le conocieron y fueron sus competidores más acérrimos.

De izquierda a derecha: Rosales, Ernesto Camacho y Miguel Ángel Patiño (DEP).

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