Intempestiva e insólitamente, Mazatlán se convirtió en Yoro, departamento hondureño del mismo nombre en que cada año -entre los meses de mayo y julio- ocurre una lluvia de peces, algo similar a lo que pasó ayer aquí.

No en la misma dimensión, pero la aparición de pequeños peces en las inundadas e intransitables calles del Centro Histórico, en el llamado Viejo Mazatlán, después de las torrenciales aguas de la mañana, propició el desencadenamiento de una ola de comentarios en redes sociales.

'¡Ay, Diosito, el Apocalipsis!, texteó jocosamente un usuario de Facebook tras enterarse del insólito fenómeno. Uno más fue más cauteloso y comentó que la naturaleza 'tiende a recuperar el territorio perdido..nada nuevo en el mundo'.

Otro -para argumentar la inusual presencia de los peces- dijo que el fenómeno es muestra de que el drenaje está conectado con el mar y uno más terció, en medio de su sorpresa e hilaridad, que jamás había visto algo similar en una situación de inundación.

Mazatlán, ¿como Yoro?

En Yoro -según el folclore popular-, se presenta anualmente un fenómeno meteorológico extraordinario consistente en una lluvia de peces que, una vez recolectados por pobladores, son llevados al sartén para el sagrado alimento.

Por supuesto lo de ayer en Mazatlán no fue una lluvia de peces, pero la presencia de los ejemplares marinos se dejó ver a raíz de los 83.4 milímetros de agua que cayó temprano en la ciudad y que vino a inundar la emblemática zona rica en vestigios y casonas de alto valor histórico que dan cuenta de su grandioso pasado.

Científica o meteorológicamente, el fenómeno de la lluvia de peces se da a raíz de una tromba marina o las llamadas mangas de agua, consistentes en un embudo que contiene un fuerte torbellino.

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