De momento y sin que todavía lo divisara de bien a bien, Jaime López creyó haber 'enganchado' con su carnada un palo de madera, pero conforme el supuesto 'objeto' fue acercándose a la orilla, su impresión cambió radicalmente. Y estalló en alegría.

¿Un palo de madera? Eso pensó -en primera instancia- un 'Jimmy' López contrariado, pero expectante porque el supuesto 'desecho' en el mar en apariencia no se 'movía', mucho menos se resistía a dar alguna 'pelea'...hasta que éste llegó casi a las rocas de la bahía y comenzó la 'fragorosa lucha'.

El pescador 'orillero', suertudo y diestro. Aquí, con un 'parguito rosado'.

¡Y no era un  'palo'!

Alentado por amigos y compañeros que, al igual que él, acudieron esta mañana a playa Las Lupitas, en las inmediaciones de Teacapán, en la 'perla escuinapense', el joven pescador se percató finalmente que aquello que no se 'movía' era un pez, y vea de qué especie.

'¡Es una mantararraya, es una mantarraya!', exclamó asombrado, contento, ese robusto pescador orillero en medio de risas y aplausos de sus compañeros. '¡No lo sueltes, no lo sueltes!', le instaban, una y otra vez sus cercanos, cuando la especie ya estaba 'bien agarrada' a la carnada...y se encaminaba a ser el platillo fuerte de 'exquisito almuerzo'.

Orgulloso, con otro pargo. Foto: Cortesía

Justamente no era un 'palo de madera' y, contra este ejemplar marino, 'Jimmy' López peleó hasta por cinco minutos cuando el animal se acercó a la orilla. '¡Era como de 10 kilos!', expresó, así, a 'ojo de buen cubero', apenas lo atisbó, lo palpó, lo vio en su anzuelo.

Esta mañana, fresca y plácida, López también capturó un 'parguito rosadito' de un kilo de peso que, según apreciación del mismo pescador, 'salió apenas con dos jalones', sin mucha batalla.

Pero, a diferencia de la mantarraya (especie de elasmobranquio), que liberó a su hábitat, el pargo quedó para lo que el mismo intrépido 'Jimmy' llamó una 'fritanga' que degustaron más tarde con salsita, limones y tortillitas calientes.

Nacido en Baja California, este muchacho de buen anzuelo había atrapado en su tierra -exactamente en la Isla de Cedros, frente a Guerrero Negro- jureles de hasta 16 kilos y lenguados de ocho kilos, además de corvinas de 25 kilos, que dejan constancia de su olfato y destreza para la la pesca de orilla.

Pero los ejemplares sacados hoy en Las Lupitas no le piden nada a sus anteriores atrapadas.

¡Y fue más pargos!

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