Descubridor -dicen sus allegados- de la inhóspita mancha de peces pargos que han merodeado por la orilla de las escolleras de Isla de Chivos, el pequeño Roger Anthony Tostado Aguirre gozó de una satisfacción mayor no solo al atrapar una importante remesa de ejemplares, sino venderla y comprarse un mejor equipo de pesca que le perfeccionó sus técnicas.

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Un orgulloso pescador en ciernes. Foto: Cortesía

Escollero de corazón

Miembro orgulloso del grupo Escolleras -nutrida y festiva agrupación de pesca de orilla que involucra amigablemente a pescadores de varios clubes porteños-, el jovencito acostumbraba a 'tirar' (pescar) con una vara de nueve pies que tenía quebradas sus anillas hasta que se propuso hacer algo por mejorar y fue por el cardumen de pargos que ya había visualizado.

Entonces -narra uno de sus impulsores e instructores más allegados, Iván Castro- comenzó a ahorrar con lo que ganaba por la venta de los peces y acabó por completar lo necesario para adquirir una medianamente  buena varita, que reforzó con gomas y popers 'de mi amigo Chavín'.

 

Uno de sus 'trofeos': un pargo. 

Fue así como la suerte (¿o el destino?) sonrió a este pescador de 13 años, con cuya venta pudo también hacerse de una buena línea, indispensable para capturar no solo pargos, sino otro tipo de especies que, igualmente en racimos, se dan en las aguas saladas de Mazatlán.

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Este esforzado pescador es, por cierto, uno de los que más amor le tiene a la camiseta de Escolleras.

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