En medio de la pandemia por el Covid-19, la llegada del pez pajarito (Hyporhamphus spp) en Mazatlán ha dado no solo un exquisito sabor al paladar, sino un respiro al bolsillo de quienes fincan en la pesca el pilar de su oficio y el sustento familiar.

Desde días atrás y como cada año, el paladar de los mazatlecos disfruta de una verdadera delicia culinaria por este ejemplar tropical que ha provocado la algarabía y jauga en tiempos en que la contingencia sanitaria paralizó múltiples actividades y pegó en la economía.

Pescadores en busca del manjar. Foto: Sergio Pérez (EL DEBATE)

Es el tercer año consecutivo, después de cuatro de no aparecer por acá, que el pajarito arriba en racimos a las costas del Pacífico y son atrapados por decenas de pescadores, que más tarde los llevan a los embarcaderos y pesquerías para su comercialización.

Alimento por excelencia

Durante mayo, este pececillo es esperado con ansiedad no solo por pescadores, sino por comensales que no dudan en calificarlo como la tradición y el alimento por excelencia desde hace más de cinco décadas.

Es fácil de identificarlo, particularmente por su pico y mandíbulas inferior y superior. Llega a medir hasta 20 centímetros de longitud. Su límite de distribución se encuentra desde Santa Ana, en el sur de California, hasta Costa Rica, según conocedores. 

Fotos: Sergio Pérez (EL DEBATE)

Estos peces pajaritos hacen una migración en enormes cardúmenes y buscan aguas tranquilas para agregarse y desovar. La profundidad, corrientes y temperatura del agua proporcionan las condiciones óptimas para lograr el desove.

Con baldes, jabas y hieleras llega la gente a los embarcaderos (Playa Norte e Isla de la Piedra), ávidos por volver a probarlos en una temporada que es corta y solo una vez al año se da en el benevolente Pacífico. 

Su llegada a las aguas del puerto fue reportada el miércoles pasado con enorme beneplácito por decenas de pescadores que, dada la contingencia sanitaria, habían visto escasear sus ventas y su panorama no era del todo alentador.

El kilogramo del producto sin limpiar se expende en 70 pesos, 30 menos si lo quisiera sin escamas. Y, de noche, puede llegar a costar hasta 200 pesos la cubeta puesto que son los primeros días. Se prevé que el precio disminuya la próxima semana al contar con un mayor número de capturas. 

Mientras tanto, pescadores tienen ya una razón especial para volver a estar alegres y esa felicidad la contagian a otro importante número de personas que, sin ser pescadoras, son eventualmente invitadas a trabajar en la limpieza del producto mediante una remuneración económica.

Y el comensal paladea este manjar, como cada mayo en que la fiebre del pajarito 'parlotea' en la mesa de los hogares. 

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