Esperado con ansias por pescadores y codiciado -gracias a su exquisito sabor- por comensales que no tardan en abarrotar los embarcaderos, el pez pajarito ya está en Mazatlán y su aparición viene a dar un alentador respiro en estos difíciles tiempos por el Covid-19.

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Desde hace días, este pez tropical inunda la bahía porteña, reactiva el noble trabajo de decenas de pescadores y engancha a consumidores que, como cada año, lo esperan con delicioso aroma a mar para llevarlo a la mesa de sus hogares y degustarlo frito y ensalzado 'o como mejor les apetezca'.

Fotos cortesía: Ramón Gómez

Unos lo pescan de mañana, otros de noche. Unos tiran sus atarrayas en Playa Norte, otros en playa Brujas. Ya con sus pangas llenas -comportamiento variable que se da en función de las condiciones del agua-, el pescador descarga el producto en dos de los embarcaderos más populares en Mazatlán, Playa Norte y entrada a la Isla de la Piedra, hasta donde llegan porteños a comprar kileado o en cubetas, ávidos por probar lo que, por tradición milenaria, ha sido un pez icónico y manjar para el buen paladar.

Hoy, como cada mayo, vuelve a estar en este puerto sinaloense y su llegada -abrigada a manos llenas- no viene sola, sino con un matiz distinto y especial que le da mayor razón a la satisfacción que embarga a los hombres del mar: la reactivación de la maltrecha economía que ha causado la contingencia sanitaria por el coronavirus.

 Y la fiebre, tan exquisita como efímera, mueve la bahía y transforma la desesperanza en un aliento que todos quisieran no acabara ni hoy ni mañana por su poderosa esencia culinaria y económica.

En pangas, pescadores buscan el preciado pez pajarito para beneplácito del mazatleco. Foto cortesía Ramón Gómez

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