Doblemente meritorio significó para el pescador mazatleco José Roberto Echeagaray la atrapada de uno de los codiciados ejemplares 'trofeo' en el mundo de la pesca deportiva, el gallo, tras liberarlo a su hábitat sano y salvo.

Acompañado por uno de sus amigos, Sebastián Ramos, quien no perdió la oportunidad de fotografiarle con la preciosa pieza, el fotógrafo de profesión acudió esta mañana a playa Escopama, rumbo a Océanica, y terminó con un dejo de felicidad que le transpiró por todos sus poros.

José Roberto Echeagaray posa con su gallo. Foto: Cortesía Sebastián Ramos

Aunque al final lo devolvió como una manera responsable de practicar el catch and release (captura y libera), este aficionado a la fauna marina se dio el tiempo necesario no solo para posar con lo que ha sido su primer Roosterfish desde que comenzó a practicar la pesca, sino también para pesarlo en una báscula que no dudaron en llevar a la prodigiosa zona enclavada al norte de la ciudad. Pesó cinco kilos con 100 gramos...¡y al agua!

Sus primeros escarceos...

El vínculo de Echeagaray con la pesca de orilla se remonta apenas seis meses atrás cuando -en compañía de otros compañeros fotógrafos- acudió por vez primera a la playa Brujas a captar las agradables y épicas evidencias de pesca con su equipo profesional, que incluía la cámara y drone. De tanto mirar comenzó su escarceo y curiosidad por explorar por sí mismo la emoción de coger una caña, tirar la línea y 'prender' un buen pez.

El mismo pescador recuerda que la primera ocasión 'no llevaba ni una caña ni nada para pescar', pero el 'gusanito' por aprender algo empezó a recorrer por su cuerpo hasta que -para la siguiente vez, ya en la 'Isla del Medio' (Isla Venados)- consiguió una caña prestada con la que formalmente recibía la 'bienvenida' al fascinante mundo interactivo con los peces.

Un pescador que empieza a darse a conocer. Foto: Cortesía Sebastián Ramos

Sus primeros contactos con la caña fueron con carnada, modalidad que decidió paulatinamente cambiar por los señuelos al observar que un amigo lo hacía y enterarse de las mayores ventajas que no dudó en llevar a práctica.

Fue justamente en la 'Isla del Medio' donde agarró su primer pez después de intentarlo en otras ocasiones en las 'escolleritas' aledañas al hotel Pueblo Bonito. Su interés se iba curtiendo y ya no hubo poder humano que se lo detuviera. Se formaba un pescador.

Sebastián Ramos, un amigo que acompaña a José Roberto. Aquí, con un robalo atrapado recientemente.

Comenta que al principio compró y usó una caña de 10 pies, motivado por el placer de la pesca de orilla y el contacto con la arena, las rocas, los compañeros. Y, poco tiempo después, la mejoró por una más grande de 13 pies al tiempo que dejaba la pesca con carnada para usar preferentemente la de señuelos.

Interesado en el catch and release

Como pescador, confiesa que es partidario del capturar y devolver para conservar las especies, pero que si le sale la oportunidad de 'enganchar' un buen pargo o un robalo 'que aguante para una comidita' no dudaría en llevarlo a casa y merendárselo.

La especie que, de plano no 'sacrificaría' por ningún motivo sea grande o chico, es la de los jureles toro por no apetecerlos. Éstos van directo al agua sin importar el tamaño.

El de hoy fue su primer pez gallo, pero -como él mismo dice -sí le gustaría probar sin demeritar la mística de liberar las atrapadas para conservar responsablemente los ejemplares.

La pesca de lobina está entre sus próximos proyectos, incluso de acudir a un manglar a 'tirar la piola' y a viajar a bordo de una lancha para la pesca de fondo, que hasta el momento no ha practicado.

Este hombre fotógrafo apenas comienza a formarse deportivamente. Y no hay que perderlo de vista.

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