Crecido en el Cerro de La Cruz, en pleno corazón del Paseo Centenario, donde las anécdotas glorifican un rico pasado del Viejo Mazatlán, el entonces pequeño Walter Silva pronto se impregnó de ese aire salobre, y de la natación pasó a una faceta de estirpe: pesca recreativa y submarina.

Un apasionado del buceo. Foto: Cortesía

En su niñez, el lanzador mazatleco -hoy de 41 años- acostumbraba ir a ‘echarse un chapuzón’ en los linderos de Olas Altas y, al poco tiempo, empezó a aprender los secretos más intrincados de esa modalidad submarina arriesgada y apasionada llamada buceo, ‘seducido’ por sus tíos que ya eran pescadores submarinistas, y él no perdía tiempo de acompañarlos.

Desde entonces, el ahora referente del beisbol profesional aprovecha sus ‘ratos libres’ para sumergirse y lo hace apoyado en sus aletas y vizor, y en ese olfato de precisión y efectividad que la experiencia le ha dado para atrapar los peces más grandes como un objetivo de orgullo y placer.

Con su Shimano y Rapala

Si como beisbolista enclavado en el montículo de responsabilidades tiene sus estrategias para ponchar al adversario bateador, como pescador no escapa a ello y Silva se apoya en una caña Shimano con piola de seda de 30 libras, además de curricanes rapalas que varían en función de lo que esté picando y que, con el paso del tiempo, le han resultado un fiel y exitoso acompañante.

Con un pez vela ya 'fileteado'.

Dentro del mundo marino es un distinguido miembro del Club de Pesca Submarina de Mazatlán y, como lanzador, pertenece a Bravos de León (Guanajuato) en la Liga Mexicana de Verano y a Venados de Mazatlán en la Liga Mexicana del Pacífico.

Amante de la pesca de orilla y altura.

‘Hago pesca en alta mar y también en playa cuando no ando jugando beisbol profesional”, revela el derecho titular. Y agrega: ‘Practico en Playa Cerritos, Escolleras, Tres Islas y Mármol, particularmente’.

Una gorra con sus iniciales.

Revela que su rutina estriba en nadar en la playa y hacer preparación física en la orilla de la playa desde las 06:00 horas cuando está en Mazatlán.

‘Me ayuda mucho (pescar) en relajarme cuando pesco, y disfruto el mar y el paisaje, aunque depende también donde ande pescando, ya sea en las Tres Islas o la Isla de Chivos o rumbo a El Faro o la Calva del Cura’.

Pescar...y cocinar

Su objetivo con la caña -dice- es ‘sacar un buen pez y llevarlo a cocinar’ en medio de esa convivencia que gusta disfrutar con su familia a quien cuenta ‘el mismo día que salgo a pescar cómo lo atrapé y cómo me lo quiere merendar’.

Hombre sencillo, incluso con un carisma que contagia, considera que ‘hay muchos amigos’ que en Mazatlán practican el buceo para subsistir como un noble trabajo y que esa sinergia ‘hay que aprovecharla’ con respeto a sus vedas para que ‘sigan permitiendo la pesca local y así crecer más en pesca deportiva y en la pesca para alimentarnos’.

Silva -el pescador- goza lo que hace, y lo transmite en el mar y en el diamante.

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