Sin importar el lugar donde esté, la ingesta del pescado bueno es -ante todo- el principal factor que todo consumidor debe atender para evitar una afección que derive, entre otras enfermedades, en una intoxicación alimentaria. Es decir, hay que saber cómo identificar un pescado en mal estado.

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Existen muchos métodos de conservación y transporte del pescado que, en primera instancia, buscan garantizar un alimento fresco por más tiempo y, sobre todo, saludable para el organismo humano. Pero, en algunas ocasiones, por una razón y otra, el pescado no llega a casa en buenas condiciones.

Por ello y, sobre todo, por todas las implicaciones que conlleva, hay que saber cómo identificar un pescado en mal estado. Actualmente, el hecho de diferenciar si una pieza está fresca o no, es un poco más complicado debido al estilo de venta de otro giro: los empaquetados.

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No importa si está en la playa o en algún restaurante, la regla es la misma: revisar que esté en buen estado, algo muy importante en temporadas altas no solo en vacaciones de Semana Santa, sino en las de verano o las decembrinas.

Dado que el pescado es un producto delicado, si no está fresco o debidamente conservado, el consumidor corre el riesgo de sufrir una intoxicación alimentaria o infección. Y, muchas de las ocasiones, es importante consumirlo asado, frito u otra preparación donde esté cocido en lugar de crudo.

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Según la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), a la hora de comprar un pescado, debe fijarse en cuatro puntos básicos:

1. Ojos. Deben ser brillantes, saltones y transparentes.

2. Piel. Revisa que brille y las escamas no se desprendan.

3. Carne. No debe desbaratarse al frotarla con los dedos.

4. Olor. A lo más que debe oler es a mar, nunca a amoniaco o a pescado desagradable, pues de ser así, significa que ya entró en estado de descomposición.

¿Y cuando ya está cocinado?

Caso contrario es saber -prácticamente imposible- verificar la frescura de un pescado cuando ya cocinado. Sin embargo, hay un par de puntos que, según especialistas, puede tomar en cuenta:

1) Sabor: Que éste corresponda al que habitualmente conoce. Es decir, no debe saber amargo o muy ácido.

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2) Olor: Si éste es agradable, lo más seguro es que esté mal el pescado y lo recomendable es rechazar el platillo.

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