A sus 94 años, don Francisco Saca vive y disfruta con la misma pasión de sus años mozos la pesca deportiva lo mismo desde el río Lempa que hasta alta mar o desde la hondilla o la atarraya que con las cañas de pescar.

Originario de Chalatenango, El Salvador, el senecto aficionado no se da por vencido, sino todo lo contrario en lo que es su acendrada pasión, y continúa con su actividad febril en las capturas de los atunes, dorados y velas que pican su anzuelo.

Foto: elsalvador.com

El Lempa es un río perenne con vertiente al océano Pacífico. Con 422 kilómetros de longitud es uno de los ríos más largos de Centroamérica. Su cuenca abarca tres países: Guatemala, Honduras y El Salvador.

Su historia

Escrita por Wiliam A. Hernández (@walexhernan), del portal elsalvador.com, la vida de don Francisco inició en 1992, cuando vino a este mundo, y que a los pocos años tendría sus primeros escarceos con el mundo marino.

Él mismo relató que, como todo niño chalateco, usaba una hondilla con piedras del río Lempa y que, mientras caminaba a su escuela, aprovechaba para cazar palomas que luego su madre le preparaba.

“Como cipote, siempre me gustó la caza y la pesca, porque mi padre nos enseñaba a ganarnos la vida y eso le inculqué a mis hijos”, recuerda mientras rasca su cabeza con sus manos que denotan el peso de la edad.

“Siempre me gustó el mar, siempre me gustó la pesca en el mar y esa inclinación ya se lo heredé a mis hijos y mis nietos”, sonríe, “al menos de eso se recordarán de este viejo chalateco”, dice.

Para sus familiares, desde niño él mostró una pasión por la pesca. Y no es para menos: el río Lempa y el río Chilama, en el puerto de La Libertad, fueron sus lugares de pesca. Ha sido de los impulsores de pesca en alta mar en el país. Incluso sembró una semilla que su hijo Paco cultivó para que cada año se celebre el torneo de pesca del Marlin en el país, que de paso ya tiene 22 años de desarrollarse en El Salvador.

Paco reseña que su padre lo llevaba a pescar a la bocana del río Chilama, ambos con cebadera en la cintura y atarraya en mano. “Recuerdo que cuando yo tenía seis años nos íbamos a pescar al muelle de La Libertad o a la bocana del río Chilama; pescábamos hasta bien entrada la madrugada con lámparas de mercurio en la frente y regresábamos a San Salvador alrededor de las 2:00 ó 3:00 de la mañana”, recuerda el hijo de don Francisco.

El estallido de la guerra interna en 1980 lo obligó a irse con su familia a Estados Unidos, donde su hijo Paco desarrolló el amor por la pesca junto a Marco Antonio Zablah y otra persona de origen brasileño, Tony Seicento.

Paco y Marco son los precursores del torneo de pesca del marlin que está próximo a desarrollarse.

La primera lancha

Paco recuerda que con Marco tuvieron la primera lancha y don Francisco, su padre, los empujaba a no temer al mar, a la aventura de la pesca.

“Nosotros compramos una lanchita vieja con $500.00 cada uno. Mi papá terminó comprando el derecho fue nuestra primer lancha”, señala Paco.

“Desde ese momento nos enamoramos de la pesca y de por vida. Recuerdo que en una ocasión, mientras pescábamos en Islamorada, mi papá accidentalmente se trabó un anzuelo en la punta de su nariz… corrimos al hospital y en emergencia después de atenderlo el doctor nos dijo riéndose que era la primera vez que le tocaba un caso así como el de don Francisco. Había atendido casos de anzuelos en todas parte del cuerpo menos en la punta de la nariz”, relata.

Don Francisco continúa amando la pesca. Su esposa murió hace varios años, pero sus hijos y nietos se encargan de llevarlo los fines de semana en la lancha a alta mar. “Llevemos a pescar al güito (abuelito)”, como le llaman sus nietos a don Francisco.

Hace unos días, se embarcó nuevamente en el Bahía del Sol. La mar lucía calmada ese día y los acompañó un intenso azul, fue un clima perfecto para pescar.

La pesca no fue mala para don Francisco. Logró enganchar un atún de 20 libras, peleó un poco con él pez, sus energías le permitieron sacarlo y celebrarlo.

Su hijo Paco recuerda que ese “pique” llegó a oídos de la Asociación Internacional de Pesca Deportiva (IGFA por sus siglas en inglés), que lo contactó y publicó una nota informativa sobre la pesca de Don Francisco.

Dos semanas después, Paco recibió de la IGFA un certificado por su amor a la pesca deportiva.

Ahora don Francisco está esperando que la próxima semana inicie el torneo de pesca del Marlin para volver a encontrarse con la mar y usar sus cañas de pescar.

http://www.elsalvador.com/noticias/nacional/208156/94-anos-en-alta-mar/