Una de las medidas primordiales en la pesca deportiva es la conservación de las especies. Sin embargo, las denominadas malas artes para la pesca, como la cimbra y el trasmallo, alejan a los peces. Incluso muchas especies que no se comercializan, mueren en sus redes. Cada trasmallo mide entre 10 y 15 metros de alto -algunos más- por 200 de largo y las líneas de las cimbras llegan a abarcar desde un kilómetro. Pero hay algunas que llegan hasta las 200 millas.

La tortuga marina es una de las más afectadas con este tipo de método 

Mucho daño  

El problema de las cimbras es que se llevan todo lo que encuentran a su paso como el pez vela, atún, dorado y tortugas. Eso es lo que mata, lo que causa malestar.
Sin embargo, el daño que las cimbras provocan a la biodiversidad del litoral es minúsculo, en comparación a la marcada sobre explotación que hacen grandes barcos foráneos que pescan en distintas partes del mundo.
Los más afectados son los pescadores que rentan sus servicios para la llamada pesca deportiva, mientras que a los pescadores artesanales les perjudican los trasmallos, que matan tortugas e incluso hasta ballenas, ya que no permiten al animal poder liberarse de la red.
Los trasmallos, además, dañan los bancos de peces y por eso se acaba el producto.

La cimbra tiene una línea madre que es larga.

En la pesca ribereña estos implementos pueden medir hasta 5 mil metros. Pero, en barcos grandes abarca desde 50 hasta 200 millas.
En la línea madre van los rendales. El patrón del barco determina cada cuantos metros pone un anzuelo, una derivación que va unida de un extremo a la línea madre y en la otra punta tiene un anzuelo donde va la carnada y por ejemplo unen hasta cinco kilómetros.
Si bien el uso de la cimbra se ha vuelto habitual, sus daños son mayores a los beneficios que podría acarrear.