Pesca y libera de un pez vela en Topolobampo, cuyo emblemático El Farallón de San Ignacio volvió a ser testigo mudo, hizo el día al pescador Jesús Alejo y al capitán Francisco Mena, el primero al atraparlo y el segundo al liberarlo.

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A bordo de la lancha Rock @ Roll, los mochitenses -a quienes se unió el marinero Adolfo Moreno- se acercaron a 10 millas de El Farallón, donde nadie resiste la tentación de atrapar algún buen ejemplar, y atraparon el Istiophorus platypterus que no dudaron en dejarlo crecer.

El vela cayó prendido con una lisa viva. El éxito inicial fue para Alejo, quien enseguida cedió la estafeta a Mena a efecto de que consumara la hazaña para la liberación respectiva. 'Hay que dejarlo crecer', dijo el capitán de la embarcación al tiempo que lo liberó.

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Ubicado a 27 kilómetros mar adentro, El Farallón de San Ignacio es un santuario y hábitat para cientos de focas y lobos marinos que se albergan entre octubre y abril, y considerado uno de los escenarios naturales más maravillosos del mundo.

La espectacular formación rocosa que, con el tiempo, se ha convertido en santuario de aves y diversas especies de fauna marina, se encuentra incrustada en medio del mar de Cortés, frente a Topolobampo.

En derredor a ella se practican diversas actividades, particularmente la pesca deportiva de alta mar, gracias a que abundan especies como el pez vela, marlines, dorado, wahoo y atún.

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